Raíces en el Médano . XVI El Club Defensores y el alma del médano .
Por: Silvia Ezpeleta
En los años en que Villa Gesell era un desafío de arena y viento, las instituciones no nacían para el ocio, sino para tejer la comunidad. El Club Defensores de Villa Gesell, primer club del pueblo, es el testimonio vivo de ese esfuerzo colectivo que transformó la arena en hogar.
El calor de los hogares y la fundación (1951)
Antes de las grandes sedes, la Villa se pensaba en las casas de los pioneros. Los hogares de los Pinilla, los Larre, los hermanos Magne y los Luque cobijaban charlas donde se gestaba el sueño de un lugar común. Así, el 8 de agosto de 1951, nació la Asamblea Constitutiva de Defensores. Aquella primera línea de fuego la integraron Jorge Schwalbe como presidente, Arnaldo Larre de secretario y Jorge Magne en la tesorería, según rescatan las páginas de oro de su historia.
La mística del médano sumaba voluntades: en 1957, el italiano Vittorio Confetto fue interceptado en la calle por Padilla y Pinilla; a las 72 horas de llegar, ya era secretario de una nueva comisión que, junto al vecino Buccini, redactaría estatutos enfocados en el deporte, la solidaridad y el intelecto.
Geografías de la nostalgia
Don Carlos Idaho Gesell entendió que el club era el corazón de sus trabajadores. Por eso cedió el terreno definitivo para la sede en Paseo 105 entre 4 y 5. Pero el fútbol latía en “la canchita de 106 y 6”, predio entregado en 1969 donde el propio fundador dio el puntapié inicial. Aunque el progreso convirtió ese suelo en la Casa de los Abuelos y la Biblioteca Rafael Obligado, la memoria popular aún oye los gritos de los torneos interbarriales y de equipos míticos.
Faro de cultura y hazañas
Defensores no solo fue fútbol. El club acunó la primera biblioteca de Villa Gesell hasta fines de los 60 y fue epicentro de memorables tableros de ajedrez que traían a maestros provinciales a romper el aislamiento del invierno.
Y en el centro de su mitología, el 8 de noviembre de 1970: el partido más largo del mundo. Docenas de horas de sudor frente al Club Cosme de Madariaga para regalarle a la duna su primer ingreso al Libro Guinness de los Récords. Defensores: la gran matriz de nuestra identidad costera.






