.Raíces en el Médano. XXV. El Jardín 901, la epopeya de abrazar a los más chicos
Por: Silvia Ezpeleta
Cuando las familias pioneras comenzaron a echar raíces definitivas en Villa Gesell, una necesidad se volvió urgente: crear un espacio dedicado a la educación y contención de los más pequeños. Así, el 14 de abril de 1973, comenzó a latir la historia del primer jardín de infantes oficial de la ciudad, una institución que nació en aulas prestadas pero que se sostuvo gracias a la solidaridad de toda la comunidad.
De la Escuela 3 al edificio propio
En sus primeros meses, el Jardín N° 1 (que llevaba el número 3 de la zona) funcionó en un espacio cedido por la Escuela Primaria N° 3. Aquel plantel inicial contó con la entrega entrañable de la docente Elena Margarita Greco, Susana Luján Corradini y la preceptora Nidia Gili, quienes recibieron a los primeros 60 alumnos.
Sin embargo, los geselinos no tardaron en “ponerse las pilas”. Con un terreno donado por la Municipalidad de General Madariaga en la manzana de los Paseos 114 y 115 entre Avenidas 3 y 4, la comunidad unió fuerzas. Gracias al trabajo codo a codo de vecinos, donaciones y la colaboración activa de los gremios locales que aportaron mano de obra a costos mínimos, doce meses después, en 1974, el jardín ya inauguraba su sede propia con tres salas, dirección, secretaría, cocina, depósito y sanitarios, permitiendo elevar la matrícula a 97 chicos.
Crecimiento a la par de la ciudad
El ritmo de expansión fue vertiginoso. Para 1976 concluyó la primera etapa de edificación alcanzando los 120 alumnos, y para 1977 la matrícula rozaba los 200 niños divididos en dos turnos.
Un hito clave ocurrió el 1° de julio de 1978, cuando Villa Gesell fue declarada municipio autónomo. Al crearse el Distrito Urbano de Villa Gesell, el establecimiento pasó a denominarse oficialmente como Jardín de Infantes N° 901, consolidándose como la casa madre de la educación inicial en nuestra localidad.
Un legado que trasciende
A lo largo de los años, las distintas Comisiones Cooperadoras y los planteles docentes han mantenido vivo ese espíritu fundacional. Aquellos primeros niños que caminaban por las veredas de arena para ir al jardín son hoy adultos de 50 o 60 años, vecinos que cruzamos a diario en el supermercado o el banco. El Jardín 901 es una muestra viva de lo que una comunidad organizada es capaz de lograr cuando el objetivo es cuidar el futuro.




