Concejos Deliberantes: del control vecinal al abuso del poder
El quiebre del contrato social, que se hizo visible en las últimas sesiones, transforma al HCD, caja de resonancia de la democracia, en el patio trasero de la política. Hay Concejales que olvidaron a quienes representan y que representan.
La no reunión
Una nueva reunión en el HCD, no llegó a cumplir con el Orden de Día, debido a situaciones que se vivieron en el recinto y que nada tiene que ver con la tradición democrática del colegiado que, a partir de su nueva conformación, se mueve al ritmo de quienes detentan circunstancialmente la mayoría y buscan imponer su criterio, aunque este se aparte de lo que prevé la Ley Orgánica de las Municipalidades. Una verdadera guerra de egos se está llevando a cabo la que perjudica, finalmente a los habitantes de Distrito.
El efecto
La guerra de egos en la política destruye la confianza ciudadana y paraliza las instituciones. Cuando los líderes priorizan su vanidad y la acumulación de poder personal sobre el bien común, la gestión pública se convierte en un espectáculo de disputas estériles. Esta dinámica transforma el debate de ideas en un enfrentamiento de identidades, donde el rival no es un competidor, sino un enemigo a destruir.
Quien paga el costo
El costo más alto de esta guerra narcisista lo paga la población. La política, en su esencia más pura, debe ser una herramienta de servicio y negociación. Cuando se transforma en un ring para alimentar el orgullo de unos pocos, la democracia se vacía de contenido y el progreso social se detiene por completo. Para transformar este problema institucional en una propuesta constructiva, se requiere de soluciones estructurales y culturales. No basta con apelar a la buena voluntad de los líderes; es necesario que un sistema de premios y castigos se instale en la sociedad y se efectivice en cada proceso electoral.
Construir sobre el consenso: el camino para superar la política de los egos
La política, en su dimensión más noble, es la herramienta fundamental para coordinar el esfuerzo colectivo y construir el bienestar general. Sin embargo, cuando la vanidad personal y la búsqueda de protagonismo individual eclipsan el debate de ideas, las instituciones se debilitan. Superar la dinámica del enfrentamiento identitario no es una utopía; requiere pasar del diagnóstico de la fragmentación a la acción institucional deliberada.
Las diferencias
Con sus limitaciones discursivas, el Bloque del oficialismo, mantiene unidad de acción en el marco de las disposiciones que determina la Ley Orgánica. Sometidos a la imposición del número, deberán encontrar los mecanismos de acción para transitar el tiempo que falta hasta las próximas elecciones, que les permita hacer conocer sus opiniones por encima del destrato de la oposición. Tienen sustento ideológico, no deben perder ninguna ocasión de expresarlo. Será la manera de marcar las diferencias. No tienen internas y eso es una ventaja.
La lucha por el poder en la oposición
La oposición actúa en bloque lo que no significa que constituya un bloque. Son varios sub bloques que se mueven un solo objetivo: Impedir el funcionamiento adecuado de la administración del intendente Barrera. Fragmentados, sin debates ideológicos, sostienen discusiones personales, que más temprano que tarde aflorarán en internas se transforman en disputas personales por las que el debate político se degradará aún más y la cohesión institucional se destruirá definitivamente. Este fenómeno ocurre cuando las diferencia son motorizadas por el odio, se convierten en ataques a la moral, la trayectoria o el carácter del rival.





