XXIII. El centinela de hormigón y el oasis entre las dunas
Por: Silvia Ezpeleta
A 30 kilómetros al sur del casco urbano, donde la costa vuelve a su estado más indómito, se alza un gigante que custodia la soledad del Atlántico desde hace más de un siglo. Levantado entre 1921 y librado al servicio el 27 de octubre de 1922, el Faro Querandí no solo es una hazaña arquitectónica —fue la primera estructura de hormigón armado de la zona—, sino el segundo más alto de todo el litoral argentino, solo superado por el Faro Recalada.
Una mole de hormigón en medio del desierto
Con sus 54 metros de altura y una elevación que alcanza los 65 metros sobre el nivel del mar, su icónica torre cilindro-troncocónica de franjas negras y blancas domina la geografía costera. Su luz de emergencia a gas y su sistema principal no solo orientan a los navegantes en la inmensidad marina; desde el año 2009, su silueta recortada en el horizonte también puede divisarse a la distancia desde la ruta Interbalnearia.
El oasis y la vida solitaria
Lejos de la desnudez árida de los primeros tiempos, el faro emerge hoy desde un verdadero oasis: un bosque protector de pinos y acacias que fue implantado para resguardar la estructura entre la inmensidad del campo medanoso. Allí, en ese entorno donde la naturaleza virgen abraza la historia y el convenio de preservación resguarda el patrimonio nacional, habitan de forma permanente los guardafaros del Servicio de Hidrografía Naval, encargados de velar por el mantenimiento de la señal.
La travesía hasta la cima
Llegar al Querandí sigue conservando el espíritu de las viejas travesías. Al no existir caminos consolidados, la playa es la única vía de acceso, transitada por vehículos de doble tracción, excursiones de pesca y colectivos adaptados que desafían la arena en salidas guiadas de turismo aventura que duran cerca de cuatro horas. Para quien logra llegar, el premio final exige un esfuerzo más: subir los 276 escalones de su estrecha escalera caracol. Al cruzar los claroscuros de la torre y coronar la cima, se despliega una panorámica vertiginosa donde el mar se funde para siempre con el horizonte de dunas.






