.Raíces en el Médano. XIX.
Un centinela de cemento en la entrada: la historia del Tótem
Por: Silvia Ezpeleta
Quien ingresa a Villa Gesell por el acceso principal, a poco de trasponer la rotonda y antes de llegar al sitio donde funcionaba el viejo Autocine, se topa de frente con una figura imponente que emerge sobre la mano derecha. Es nuestro Tótem, un monumento muy particular que, a pesar de no tener conexiones directas con las culturas nórdicas que solían erigir estas obras, se ha convertido en un símbolo indiscutido de la bienvenida a la Villa.
Inaugurado en diciembre de 1977, en un acto emotivo que contó con la presencia de Don Carlos Gesell, doña Emilia Luther, autoridades municipales, el propio autor y una multitud de geselinos y turistas, este centinela de doce metros de altura es obra del escultor alemán Pablo Hannemann. Está construido íntegramente en cemento de distintos colores y su diseño esconde una simbología profunda que narra la propia historia de la ciudad y la gesta del fundador.
Símbolo de identidad y unidad
Las figuras que componen el Tótem no son aleatorias. Representan, de abajo hacia arriba, los pilares de la Villa. Una de las figuras que lo integran es el mismísimo rostro de Carlos Gesell. Sobre la imagen del fundador, el monumento representa a la familia, el mar y el bosque. Finalmente, coronando toda la estructura, se alza un ave mitológica: el “pájaro tronador”, encargado de crear y regular los elementos de la naturaleza, custodiando el ecosistema que tanto esfuerzo costó forjar entre los médanos.
Además de ser una referencia visual sobre la obra de forestación y la fundación, el Tótem señala la importancia fundamental de la unidad en todo sentido para la comunidad geselina. Como recordatorio ineludible de esa fuerza fundacional, al pie de la estructura puede leerse una frase grabada de Don Carlos que define su espíritu inquebrantable:
“Es mayor el deleite del éxito cuando se vencen aquellas dificultades que otros han querido derrotar, sin conseguirlo”.





