EDITORIAL: Cuando la violencia le ganó a la palabra
La sesión de ayer en el Honorable Concejo Deliberante no fue solo un fracaso legislativo; fue un síntoma alarmante de degradación cívica. Villa Gesell no puede permitirse que el recinto se transforme en un ring.
Lo ocurrido este lunes 4 de mayo en el Honorable Concejo Deliberante de Villa Gesell debe ser repudiado por cada ciudadano, sin importar su color político. Las crónicas periodísticas y los videos que circulan son una prueba irrefutable de que la intolerancia ganó la partida: agresiones físicas, insultos y un clima de intimidación que obligó a suspender la quinta sesión ordinaria.
El rechazo a un presupuesto es una herramienta democrática legítima de cualquier cuerpo legislativo. Se puede estar de acuerdo o no con los argumentos de la oposición, se puede debatir sobre el impacto de las tasas o la necesidad de recursos del Ejecutivo, pero lo que bajo ningún concepto es aceptable es el uso de la fuerza para intentar torcer una votación.
Como bien señalaron los bloques de la oposición en su comunicado conjunto, el ataque a los ediles tras la votación representa un quiebre institucional. Cuando el diálogo se agota y aparecen los golpes, lo que se daña no es solo la integridad física de un funcionario, sino la representación de todos los geselinos que depositaron su voto en esas bancas. Es responsabilidad de toda la dirigencia local bajar los decibeles y condenar estos actos. Villa Gesell necesita soluciones urgentes en salud, servicios y economía. La sesión de ayer nos dejó sin presupuesto, pero lo más grave es que nos dejó con una herida en nuestra convivencia democrática. Es momento de que la palabra vuelva a ocupar su lugar y que la violencia sea, de una vez por todas, desterrada de nuestro recinto.
Fotografía gentileza de Gesell en foco.





