.Raíces en el Médano.
X. La Golondrina y Emilio Stark, el primer “amigo de un amigo”
Por: Silvia Ezpeleta
Hacia la temporada de 1941/42, con los cimientos de la Villa firmes pero rodeados de una naturaleza todavía indómita, Carlos Gesell decidió publicar un aviso en el diario La Prensa ofreciendo una casa en alquiler. A ese llamado acudió un hombre clave para nuestro futuro: Emilio Stark. Al llegar, Stark no solo se enamoró del desierto y el mar, sino que selló un lazo fortísimo con Don Carlos, convirtiéndose en el primer turista oficial de Villa Gesell y en el motor del recordado eslogan: “de amigo a amigo”, ayudando a difundir las bondades de este rincón atlántico.
Una arquitectura con sello propio
La casa que cobijó ese idilio fundacional fue “La Golondrina”. Cuando quedó definitivamente construida, parecía una casa “puesta” en el paisaje: un oasis acogedor rodeado de vegetación rala y arena incipiente. Lejos de ser lujosa, tenía las cualidades sólidas que Don Carlos buscaba para sus proyectos.
Sin embargo, poseía detalles de una belleza artesanal única. El perímetro de la casa, por debajo del alero, estaba recortado de tal forma que simulaba flores de lis invertidas, unidas unas con otras en una sucesión infinita. Los desagües del techo se habían hecho con caños de zinc que remataban en bocas parecidas a las gárgolas de las antiguas e imponentes catedrales europeas, un contraste fabuloso para la llanura del médano.
El confort en el desierto y un legado en el Pinar
Por dentro, “La Golondrina” ofrecía todas las comodidades de la época: pisos de madera y paredes revestidas con un material parecido al aglomerado que se empapelaba a gusto del propietario.
A lo largo de las décadas, la estructura original de la casa fue cuidadosamente preservada, resistiendo el paso del tiempo como uno de los pilares de la identidad geselina. Hoy, en un valioso esfuerzo por rescatar nuestra memoria constructiva, “La Golondrina” se está implantando en el Pinar Histórico. Allí, rodeada del bosque que el mismo Don Carlos plantó, la emblemática vivienda seguirá demostrando que en la inmensidad de la playa era posible edificar un hogar cálido, poético y perdurable.





