.Raíces en el Médano.
XXIV. El Aeroclub de Villa Gesell: alas, esfuerzo y memoria
Por: Silvia Ezpeleta
Antes de que las pistas trazaran el horizonte de la Villa, la aviación geselina era pura audacia sobre la arena. A fines de la década de 1960, las avionetas —los populares “Pipper” de un solo motor— aterrizaban en la playa, frente a los terrenos del Automóvil Club Argentino. Pilotos del Club Universitario de Buenos Aires y del Aeroclub Argentino traían en sus alas la idea de que Gesell necesitaba un aeródromo propio. Fue entonces cuando varios aviadores conversaron con Carlos Gesell para buscar un espacio seguro.
Don Carlos vislumbró la posibilidad cerca del camino de acceso a la Villa y del predio de la familia Dorrego, quienes podían encargarse de la custodia de los aviones. Tras la gestión de tres hombres clave —Silvio “Buby” Gesell, Valentín Temiño y Néstor “Buby” Langoff—, la primera pista de tierra compactada de 800 metros quedó oficialmente inaugurada el 4 de noviembre de 1968.
En 1972 se inició una segunda etapa impulsada por Tomás “Tomy” Suárez, Norberto Spena, Guillermo B. Olea y Valentín Temiño. Este empuje culminó el 15 de septiembre de 1976 con la personería jurídica e inauguración formal de la institución, aprovechando la calidad de la pista actual que prestaba servicio desde 1974.
La llegada del primer avión propio en 1979, un icónico Piper J3, encendió la vocación aeronáutica local. Le siguió un Aeromacchi MB308 en 1981 y, en 1983, un Piper Tomahawk para la recién creada Escuela de Vuelo. Con Alberto Odriozola como primer instructor, se formó la cohorte pionera: Jorge Giacco, Alfredo Galeano y Esteban Lalosevich. En 1984 se sumaron nuevos egresados y un hito histórico: Maruja De Lucía se convertía en la primera mujer piloto de Villa Gesell.
La historia del Aeroclub también se escribió con resiliencia. Dos devastadores tornados —uno en 1983 y otro en junio de 1991— destruyeron los hangares y dañaron gravemente la flota. Sin embargo, para 1995 la comunidad aeronáutica logró reconstruir las instalaciones. Como bien definió Tomy Suárez, el espíritu de la institución fue siempre uno solo: “Con tiempo y esfuerzo al servicio de la actividad aérea y la comunidad”.





