.Raíces en el Médano. XXIII. Un dolor compartido: memoria y homenaje a dos años del Dubrovnik
Por: Silvia Ezpeleta
Hay fechas que marcan un antes y un después en la memoria colectiva de un pueblo, heridas profundas que transforman para siempre a sus vecinos. La madrugada del 29 de octubre de 2024, Villa Gesell despertó con la trágica noticia del derrumbe total del Apart Hotel Dubrovnik, un edificio emblemático erigido en 1986 por inmigrantes croatas como símbolo de esfuerzo. Todavía se recuerda el silencio absoluto que envolvió las calles de la ciudad durante aquellos días de duelo: un respeto mutuo y conmovedor para que los bomberos y rescatistas pudieran escuchar el más mínimo indicio entre los escombros.
Aquel derrumbe, desencadenado por irregularidades en las obras, no solo se llevó un icono de nuestra arquitectura; se cobró la vida de nueve personas y dejó una marca indeleble. En medio de la desolación de las primeras horas, emergió la entrega incansable de voluntarios de toda la región, quienes trabajaron sin descanso en una muestra enorme de solidaridad humana.
Justicia, respeto y recuerdo permanente
A dos años de aquella tragedia evitable, las familias de las víctimas mantienen encendido el reclamo de justicia, señalando las responsabilidades compartidas entre propietarios, técnicos y controles omisos. Pero, sobre todo, este aniversario nos convoca al respeto, al abrazo fraterno y al homenaje sincero hacia quienes perdieron la vida.
Recordar no es solo mirar hacia atrás con dolor; es asumir el compromiso ético como comunidad para que la negligencia no vuelva a vestirse de tragedia. El Dubrovnik forma parte de nuestra historia por la lección de unidad frente a la adversidad que dejó en cada geselino. Hoy, sus ruinas mudas nos exigen memoria, verdad y un profundo respeto por las vidas que allí quedaron.




