BREVES Y CORTITAS HOY LITERARIAS
El túnel… No me refiero a la obra maestra de Ernesto Sábado, sino al oscuro y subterráneo camino que están transitando los que quieren de cualquier a manera romper al Jefe Comunal.
El avaro… Estamos literarios hoy… Tampoco nos referimos a Harpagón, el personaje de la obre de Jean-Baptiste Poquelin (¡Moliere che!) sino a quién quiere todo para sí en la política vernácula.
Las mil y una noches…. En este libro de autor anónimo se trataba de sobrevivir. Una mujer contaba cada noche una historia diferente a su marido para alargar su vida. Bué, no es de eso que iba a hablar, pero lo cierto es que un grupo de conspiradores cada noche inventa una historia diferente… Algunos para sobrevivir. Otros para tratar de volver a vivir… $ilencio…
1984… No es tan solo una fecha. El libro de George Orwell, tiene que ver con el control de todos los ciudadanos por el Gran Hermano, quien organiza la sociedad. Bueno, desde algunos sectores políticos pretenden monitorear todo lo que pasa dentro o fuera del gobierno…
Crimen y castigo… Acá aparece el genio incomparable de Fiodor Dostoievski El título viene a cuenta de aquello de que “El que las hace las paga”… En política sí la hacés bien te votan, sí la hacés mal te botan….
El amor en los tiempos del cólera… El nombre de la novela escrita en 1985 por Gabriel García Márquez tiene en esta etapa de la vida de los geselinos un gran valor simbólico. Sería bueno que en los momentos de bronca aparezca el amor y todo sea mejor… Bueno, sino es el amor que sea al menos la cordura…
En busca del tiempo perdido Marcel Proust nos recuerda que todo es finito, que el universo y la perpetuidad están en los detalles y de que solo nuestras ilusiones y sueños pueden aspirar a la eternidad. O sea, mortales políticos geselinos, no busquen perpetuarse en el poder…. La finitud los espera. Sueñen un mundo mejor y dejen que otros lo puedan hacer…
Fahrenheit 451…. Ray Bradbury escribió este magnífico libro en 1953. Se quemaban libros y escritos, fuentes de sabiduría y de la historia. Y el papel arde a esa temperatura: 451º Fahrenheit… Les recuerdo que aunque quemen papeles, todos los datos están guardados en varios discos rígidos y existen numerosos back up. Los errores cometidos estarán siempre ahí. Al alcance de la sociedad y de la Justicia.
Un mundo feliz… Aldous Huxley recrea en el libro una democracia que no lo es, una dictadura que no lo parece, una cárcel de la que los prisioneros no quieren escapar porque no saben que lo son, condicionados desde su extraña concepción para ser lo que tienen que ser. Acá, algunos pretenden hacer lo mismo. Claro, les falta el soma…. Y esto no es una ficción. La realidad es más contundente.
Final del juego…. ¡Gracias Julio Cortázar! Buen título para el cierre de este divertimento literario.
Muchos dicen: A nosotros, los políticos nos interesa la gente, lo cual no siempre es una virtud. También a las pulgas les interesan los perros.
Triste, solitario y final. Sólo hay una regla para todos los políticos del mundo: no digas en el poder lo que decías en la oposición.
Consejo para un gobernante…Los espartanos no deben nunca preguntar cuántos son sino en dónde están los enemigos.
Tácito dijo algo al respecto: Los peores enemigos son los que aprueban siempre.
Ah…una definición, limitativa como todas ellas sobre adulación: “Es el arte de decir a una persona exactamente lo que ella piensa de sí misma”.
Otra, que va un poco más allá: “La función esencial de la adulación es alabar a las personas por las cualidades que no tienen”.
Y basta de adulación por hoy. Ustedes son muy importantes para que pierdan el tiempo en estas cuestiones tan banales.
Los de 100 palabras (Título no cuenta) 1 tema, dos cuentoa
Miedo a escribir
Tanto tiempo sin escribir. Tantas veces intentándolo. Tan extraño presentir que la imaginación tiene tuberías que pierden, que las imágenes llegan turbias y borrosas. Acaso está todo dicho, acaso no quedan cuentos por contar, la ficción y lo real fundidos ya en pantallas tridimensionales. Y también la vergüenza de saber que cada pequeña historia estaría mejor contada de otro modo, con otras proporciones. El miedo a salir ahí fuera con algo vulgar, que no mejore el silencio ni el monitor en blanco. Y ponerme a prueba, soñar a hombres perderse en ciudades extrañas, buscando verdades, sabiendo que morirán o matarán.
Tras el silencio, las palabras
El anciano llevaba tiempo sin contar cuentos. No por falta de ideas, que llenaban como siempre su cabeza de un caos ingobernable. No era falta de tiempo, pues los días seguían repletos de los mismos minutos. Era miedo a que las palabras no acudieran a la llamada, temerosas de quedar expuestas en toda su desnudez para ser observadas y juzgadas. Miedo a repetirse, o a contar el cuento último, el que hará innecesarios todos los demás. Y miedo a que cien palabras no encontraran su historia, aunque fuera el relato tantas veces contado de un anciano escritor que teme escribir





