.Raíces en el Médano. XII. El hombre que domó el camino: José Antón y el progreso sobre ruedas
Por: Silvia Ezpeleta
Llegar a Villa Gesell en los años cuarenta era una auténtica aventura. Quienes no tenían auto debían viajar en tren hasta la estación Juancho y, desde allí, abordar los sufridos servicios de transporte que Carlos Gesell ofrecía a los pioneros más audaces. No era un viaje para cualquiera: las rutas de acceso, una vez abandonada la Ruta 2, se transformaban en trampas de barro intransitables con cada lluvia, demandando una baquía que estiraba la travesía durante días. En ese contexto, el progreso de la Villa sumó un nombre que quedaría grabado a fuego en su conectividad: Don José Antón.
Todo comenzó en 1948. Un vecino de apellido Porcus, que había comprado un terreno entusiasmado por el boca en boca de la época, invitó a José Antón a hacer un viaje juntos para participar de un concurso de pesca; el costo del traslado fue apenas lo necesario para cubrir el combustible. Aquel viaje provocó un flechazo inmediato. Antón quedó completamente prendado del paisaje indómito, planificó sistemáticamente cada regreso desde San Isidro y se transformó en un ferviente publicista de las bondades geselinas.
El entusiasmo se convirtió en empresa en 1952 cuando, bajo el nombre de “Al Mar”, comenzó a programar viajes regulares. Utilizaban un ómnibus que, en invierno, funcionaba como transporte escolar. Un año después, los hermanos Antón —José, Enrique y Osvaldo— ya habían incorporado dos unidades más, transportando pasajeros y encomiendas.
Para 1958, la sociedad se disolvió, dando nacimiento formal a la Empresa “Antón”. La Villa ya contaba con unas 700 casas y más de 750 conexiones eléctricas, pero los costos de mantener el servicio sobre caminos hostiles eran altísimos y las bajas ganancias hicieron peligrar la firma. La solución llegó a través del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que otorgó un crédito para comprar su primer ómnibus 0 Km. Con ese impulso, la empresa volvió a pisar firme sobre el tembladeral, canceló la deuda en un año y, tiempo después, ya sumaba seis modernos micros. Los hombres y mujeres de la empresa Antón fueron un eslabón inseparable de nuestra historia, conectándonos con el país a fuerza de motor y coraje.






