.Raíces en el Médano. IX. Pablo Wolf, el “Factótum” de la arena y el barro
Por: Silvia Ezpeleta
Luego de los primeros años de la temeraria empresa de Don Carlos, un joven alemán se convertiría en el motor que mantenía viva la esperanza en los médanos: Pablo Wolf. Más que un chofer, Wolf fue un “factótum” de la labor acometida, un hombre que ejercía una suerte de “gerencia sin despacho”, siendo el enlace vital con la civilización.
El sostén de la vida diaria
A bordo de una camioneta Chrysler 1929 acondicionada para llevar a diez pasajeros, Wolf realizaba travesías que hoy parecen imposibles. Su rol era fundamental para la supervivencia de las primeras familias: él era el encargado de traer los alimentos frescos, las medicinas urgentes y los suministros que la Villa aún no podía producir. Pero quizás su carga más valiosa eran las cartas; en un tiempo sin teléfonos, Wolf traía en sus manos el único vínculo afectivo de los pioneros con sus seres queridos, rompiendo el aislamiento emocional del desierto.
Un agujero en el barro para ver el camino
La anécdota más increíble de su pericia ocurrió en un viaje hacia la estación de Juancho. El barro era tan denso que cubrió por completo el parabrisas de la Chrysler, convirtiéndola en una “deplorable masa de fango”. Lejos de detenerse, Wolf bajó del vehículo y abrió un pequeño círculo en la capa de barro para poder tener una mínima referencia del camino.
Cada dos o tres kilómetros, repetía la tarea para “aclarar el punto de vista” y seguía viaje ante la mirada atónita de sus pasajeros. Al llegar a la estación, los lugareños no podían creer lo que veían: lo que parecía una “trashumante bola de barro” era, en realidad, el transporte geselino cumpliendo con su deber.
El hombre que el tren esperaba
Tal era el respeto que inspiraba su esfuerzo, que el maquinista del tren solía esperar la llegada de Wolf, estimando su demora según el estado del camino. Wolf fue cartero, lechero, mayordomo y ayudante de obra; un hombre con un sentido especial para conducir que jamás dejó de cumplir con un pedido, trayendo siempre lo imprescindible para la vida.





