.Raíces en el Médano. VIII. El Dunamóvil, el primer “deporte” de la arena
Por: Silvia Ezpeleta
En la historia de Villa Gesell, solemos imaginar a Don Carlos siempre trabajando, plantando pinos o inventando herramientas. Sin embargo, documentos históricos recuperados nos revelan una faceta diferente y visionaria del fundador: Gesell no solo veía en los médanos un desafío, sino también un inmenso campo de juegos. Así nació el “Dunamóvil”, un invento que, lejos de ser una herramienta de carga, fue diseñado para practicar deporte en la arena.
Trineos en el verano
Según los folletos de la época, el Dunamóvil permitía practicar un deporte “semejante al trineo en la nieve”. El documento describe cómo este “aparato” despertaba un “entusiasmo indescriptible en la juventud”, especialmente en las inmediaciones del balneario. Las imágenes de la época invitan a disfrutar de “la arena limpia, el aire puro y yodado, el sol y las magníficas vistas”, mostrando a visitantes deslizándose con alegría por las pendientes doradas.
El diseño del genio: 4 libras de presión
En un plano original dibujado por el propio Carlos Gesell el 29 de febrero de 1940, se observan los detalles técnicos de este invento. El diseño muestra un vehículo donde “se pueden sentar varias personas o acostarse una”. Pero lo más revolucionario es una anotación a mano de Don Carlos: especifica un sistema de ruedas con “goma inflada a 4 libras de presión”. Este detalle demuestra que, ya en 1940, Gesell aplicaba el principio físico de la baja presión para desplazarse sobre la arena floja, una técnica que hoy es la base de todo conductor que se aventura en los médanos, pero que él inauguró para la diversión.
El ADN recreativo
Este hallazgo nos permite entender que la identidad turística de Villa Gesell nació junto con sus árboles. El Dunamóvil fue el precursor de todas las actividades recreativas que hoy disfrutamos en nuestra costa. Don Carlos fue el primero en ver que el “saludable y divertido ejercicio” en la arena era parte fundamental de la felicidad de quienes elegían nuestra Villa.
Próxima entrega: Pablo Wolff, el puente con el continente.





