La memoria no es una cifra: el peligro de jugar con fuego
EL DESAFÍO DE LUCHAR CONTRA EL NEGACIONISMO
Hay silencios que aturden y palabras que, bajo la máscara de una “verdad alternativa”, solo buscan reabrir heridas que la justicia ya empezó a sanar. Hoy, el negacionismo sobre el golpe de 1976 no es un debate histórico; es una estrategia política para dinamitar el pacto democrático que nos costó décadas reconstruir.
Extrema derecha en el HCD
Cuando escuchamos a los Concejales de LLA, Daniel Rodríguez Rodríguez y Noelia Ayala, relativizar el horror, no estamos ante una sana discrepancia de opiniones. Estamos ante una trampa retórica. Quien cuestiona el número de desaparecidos no busca precisión estadística, busca vaciar de significado el crimen.
Intentar reducir el terrorismo de Estado a una serie de “excesos” es un insulto a la inteligencia colectiva. No fueron excesos. Fue un plan quirúrgico, financiado por el Estado y ejecutado desde las sombras, para borrar a una generación y disciplinar a una sociedad a través del miedo.
El virus del negacionismo
El peligro de dejar pasar estos discursos es que el negacionismo nunca se queda en el pasado. Es un virus que viaja hacia el futuro. Si aceptamos que lo ocurrido en el 76 fue “una guerra entre iguales”, estamos habilitando que, ante la próxima crisis, alguien vuelva a creer que la bota es la solución a la palabra.
La Democracia
La democracia argentina tiene muchas deudas pendientes, es cierto. Pero su cimiento más sólido es el “Nunca Más”. Jugar con la memoria es jugar con fuego en una casa que todavía tiene las paredes calientes. No permitamos que el cinismo nos gane la pulseada: recordar no es vivir en el pasado, es cuidar que el futuro sea, finalmente, de todos.




