XX. Manuela, la del “duende” y el espíritu de la Fiesta
Por: Silvia Ezpeleta
A las puertas de una nueva edición —la número 45— de nuestra queridísima Fiesta de la Diversidad Cultural, la memoria geselina nos invita a mirar hacia atrás y rescatar a esos personajes entrañables que le dieron alma, color e identidad a nuestras calles. Entre ellos, hay un nombre que vuelve cada vez que suena una guitarra o un compás festivo sobre la Avenida 3: Manuela.
Del fuego de la cocina al brillo del desfile
Durante la mayor parte del año, Manuela era una vecina más, una trabajadora de la cocina que caminaba por nuestras calles con su andar oscilante, la bolsa en la mano, saludando a todos y repartiendo sonrisas. Pero cuando llegaba octubre y la ciudad se vestía de gala para la recordada Fiesta de la Raza en el Mar, Manuela se transformaba por completo.
Enfundada en su vestido típico español —aquel inolvidable traje rojo con lunares blancos, lleno de volados y frunces— desfilaba con una gracia que encendía la mirada de todos. Con alegría desbordante, regalaba una sensación simple pero profunda: la de estar viva y feliz festejando la identidad de su pueblo.
El mito de la bailaora
Quienes la conocieron recuerdan que Manuela no perdía oportunidad para contar, levantando el dedo índice con orgullo, que en su juventud había sido una “bailaora” de fama, pisando importantes escenarios. Decía de sí misma que había sido una morocha bajita, de piel aceitunada y cabello renegrido, cortejada por múltiples admiradores.
Poco importaba si la realidad concordaba punto por punto con sus palabras: el vestuario impecable que conservaba y lucía año a año era la prueba irrefutable de que ese “duende” del baile seguía intacto en su interior.
Un recuerdo sin melancolía
Manuela ya no camina por la Avenida 3 intercambiando sonrisas, pero su figura permanece indisolublemente ligada al afecto de la Fiesta. No dejó melancolía, sino el recuerdo de la alegría pura. En esta 45° edición, cuando la música comience a sonar, más de un vecino volverá a ver, en el eco de los aplausos, su silueta bailando para siempre en la memoria de Villa Gesell.





